Asperger: Cuando el mal comportamiento es parte de los síntomas.

 

Todo niño ha gozado de sus “cinco minutos de atención”, gracias a aquella artimaña característica de la infancia denominada berrinche. Pero este mal comportamiento acaba cuando la corrección y la disciplina de los padres son utilizadas para que la situación no se salga de control. Sin embargo, ¿qué sucede con las personas que no son capaces de evitar los episodios de molestia o descontrol, debido a una condición que los vuelve más sensibles? ¿Las medidas correctivas tienen el mismo impacto sobre ellos? Esta es la eterna duda de los familiares de las personas con Síndrome de Asperger (SA).

Si conoce a alguien con SA, probablemente ha notado su inusual comportamiento. Esta conducta excéntrica no tiene sus raíces en una mala crianza, problemas psicológicos, ni mucho menos una personalidad egocéntrica, es parte de la condición con la cual nacen estos individuos. El Síndrome de Asperger es un trastorno generalizado del desarrollo, que ocasiona dificultades para socializar, problemas sensoriales, rechazo al contacto físico y la incomprensión de las normas mundialmente empleadas.

Son justamente estos síntomas, los que ocasionan que el individuo tenga ataques ocasionales de ira desmedida. Transitar diariamente en un mundo que le resulta incomprensible, al cual no se adecua en su totalidad y que parece juzgarlo constantemente, añade una gran cantidad de estrés y frustración a su estado emocional.

Es difícil etiquetar estas crisis nerviosas como un acto de malcriadez. En las personas con SA, los límites que separan estos conceptos se convierten en una línea difusa y casi imperceptible.

Los berrinches y mal comportamiento del niño con Asperger pueden deberse  a diversos factores. Algunos de ellos son,  sus problemas sensoriales (un ruido muy fuerte, un olor desagradable, o una gran multitud a su alrededor), la confusión en ciertas situaciones sociales, el uso de fármacos que alteran su conducta,  o incluso el rechazo social.

Según el reconocido psicólogo de Ohio, Eric Butter, las ocasionales conductas agresivas de personas con  Asperger,  se exponen principalmente a modo de berrinches o gritos de enojo. En el peor de los casos pueden llegar a la autolesión.

Sin embargo, aunque las negativas prácticas sean una de las consecuencias de sus síntomas, no es correcto ignorarlas. “Una persona con síndrome de Asperger viene mal equipada para el nivel de autonomía y agresividad que exige nuestra sociedad, por eso necesitan ser ayudados para que puedan ir integrándose”, explica el pedagogo, terapeuta y coordinador de Asperga, una asociación española de familiares con SA, Luis Pérez Rivas.

Es importante que los padres pongan límites a las conductas de sus hijos.  Si bien ellos no son conscientes de las consecuencias de sus actos, no todos en el mundo exterior entenderán esta premisa, los juzgarán sin remordimientos. Por eso es esencial que los padres marquen las pautas de sus comportamientos desde el hogar.

La disciplina con firmeza y amor es la mejor estrategia. Probablemente al niño con Asperger le cueste entender las consecuencias de sus actitudes. Según el psicólogo inglés y experto en el tema, Tony Attwood, si el niño neurodiverso no encuentra razones racionales para seguir reglas, no las tomará en cuenta. Por esto es necesario que el adulto le explique exactamente, y de manera literal, por qué algo no está bien.

Tome en cuenta esta mundialmente aceptada afirmación, todo síntoma puede ser reducido. El mal comportamiento no tiene por qué convertirse en un problema para la convivencia con su familiar con Asperger.

 

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