¿Es el Síndrome de Asperger lo mismo que el Trastorno de Espectro Autista?

Una de las controversias más comunes en la comunidad “aspie”, es si el Trastorno de Espectro Autista (TEA), engloba al Síndrome de Asperger, convirtiéndolo así en una variación del mismo. Aunque actualmente ambos sean considerados en el ámbito científico como un diferente nivel de la misma enfermedad, existen algunas diferencias importantes que se deben conocer.

El Síndrome de Asperger fue descubierto en 1944, y es definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como un trastorno generalizado del desarrollo de carácter crónico, que se caracteriza por la reducida capacidad de relación y alteración en el comportamiento social. Actualmente, al menos tres de cada 1000 personas poseen este diagnóstico.

Desde el año 2013, el asperger dejó de ser considerado una enfermedad independiente para ser diagnosticada como un tipo de autismo, según el Manual Estadístico y de Diagnóstico de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría. Sin embargo, algunos países siguen considerando ambos trastornos como afecciones diferentes.

Algunas diferencias importantes de resaltar entre ambas alteraciones, que sirven para reconocer el tipo de tratamiento que se debe iniciar en el afectado son, que las personas con TEA, tienen menos flexibilidad mental, presentan mayores problemas de comunicación y muchos no desarrollan sus habilidades de lenguaje. Por otro lado, los “aspies”, regularmente desarrollan todas estas habilidades con normalidad, e incluso poseen un léxico “demasiado culto”, relacionado con sus aficiones o intereses.

Tanto los autistas como asperger, tienen dificultades en sus relaciones. En el primer caso, puede existir un desinterés total por desarrollar vínculos, debido a la falta de placer en la interacción. Los asperger, en cambio, pueden tener deseos de iniciar relaciones sociales, pero debido a su poca comprensión y la tendencia a intelectualizar sus emociones (analizarlo todo priorizando la razón), muchas veces no tienen éxito.

La torpeza en los movimientos, es una característica común en los “aspies”, quienes suelen evitar la actividad física. Los autistas, desarrollan conductas repetitivas y obsesivas, mientras que los asperger se vuelven dependientes de la rutina, aunque estas suelen estar marcadas por su necesidad de organización y orden.

Aunque la comunidad científica siga debatiendo sobre si es correcto o no asegurar que estos dos trastornos son el mismo en diferentes niveles, es importante que el diagnóstico sea apropiado para cada caso, pues será primordial en el inicio de una terapia eficaz.

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