El síndrome de Asperger

Conozco a una vecina cuyo hijo de siete años fue diagnosticado del síndrome de Asperger desde un poco antes de los cuatro, no entendían lo que le pasaba. Se trata de un trastorno del desarrollo cerebral caracterizado por deficiencias en la interacción social y la coordinación motora, apocada o exagerada, e inusuales patrones de interés y de conducta. Se nace con él.

Tiene mayor incidencia en varones en la proporción de cuatro a uno. Lo que más llama la atención es una especie de ceguera emocional, no tienen la habilidad de asociar información sobre los estados cognitivos de los demás, ya que no ven en los otros los gestos no verbales o faciales de comunicación, con lo que ésta última se va impedida, cosa que les lleva a cierto grado de aislamiento.

Se detecta a través de los siguientes indicios:

  • Aparecen socialmente torpes y difíciles de manejar en relaciones con otros niños o adultos, a menudo  muestran incapacidad para hacer o mantener amigos de su edad
  • No tienen conciencia de los sentimientos e intenciones de  los otros
  • Tienen dificultades para llevar y mantener el ritmo normal de la conversación
  • Se alteran fácilmente por cambios en rutinas
  • Son literales en el lenguaje y la comprensión, a veces ingenuos. No les interesa el juego simbólico. Son muy racionales.
  • Son muy sensible a sonidos fuertes, colores, luces, olores o sabores
  • Tienen fijación en temas u objetos, de los que con el tiempo pueden llegar a ser auténticos expertos. Pueden poseer gran capacidad de concentración y una memoria casi perfecta, a menudo llegar a tener un nivel cognitivo medio o superior (entre otros, Einstein tenía este síndrome, de pequeño era torpe)
  • Se da cierta torpeza en los deportes, sobre todo los colectivos

Nuestros bebés necesitan una exploración exhaustiva para detectar éste u otros trastornos parecidos. Ojo si: de los dos a tres meses no mantiene el contacto visual frecuentemente, si a los tres no sonríe ante vuestra presencia y voz, si a los seis no se ríe o no se expresa con alegría, o a los ocho no sigue la mirada y la desvía siempre hacia otro lugar y todavía no comienza a balbucear.

Puede que con un año no te mire cuando le llamas ni muestre ningún interés en vocalizar ni en decir adiós con la manita. Y llegan los dieciséis meses y no se comunica verbalmente ni señala cosas que le interesan, y se acerque a los dos años y no utilice frases de dos palabras con seguridad: no esperéis más, algo no va bien. Más raramente se da el caso de que empiezan a hablar y dominar el lenguaje demasiado pronto, seguidle la evolución con cuidado.

 

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